El hallazgo en la Bardena de Fustiñana de
siete cuerpos de otros tantos vecinos de Murchante “desaparecidos" desde
1936 supone en la práctica el inicio de una nueva etapa de exhumaciones de cadáveres
de fusilados de la Guerra Civil en Navarra ( hubo más de 3.000 y parte de ellos
no han sido encontrados aún ) gracias a la iniciativa y la labor de la Asociación
de Familiares de Fusilados de Navarra, que ya tiene otras 30 solicitudes. La
localización de la fosa tuvo lugar este domingo a mediodía en unos trabajos
llevados con total discreción por los familiares de los asesinados, pero con
las supervisión técnica de la Sociedad de Estudios Aranzadi. De hecho, para
garantizar la integridad de los restos, se optó por volver a tapar la tumba
colectiva y aplazar un trabajo de campo más minucioso hasta dentro de dos
semanas.

La localización de la fosa fue posible “gracias al
testimonio de personas anónimas de Fustiñana que han aportado - o aportaron
antes de fallecer - sus testimonios", explica al Asociación.
Esta historia comienza en mayo, cuando el colectivo recibió la
petición de los familiares de uno de los fusilados. “El empuje de estas
personas, la constancia de esta asociación y la colaboración de Aranzadi han
hecho posible que hoy el pueblo de Murchante y la sociedad navarra hayan colmado
ese vacío que suponen los desaparecidos. En la Navarra del siglo XXI es
vergonzante que los familiares, con la única ayuda de estas asociaciones,
tengan que andar por las cunetas buscando a los suyos, sin ninguna ayuda
institucional y sin ningún apoyo oficial", indican en un comunicado en el
que recuerdan la declaración extraordinaria del Parlamento del 10 de marzo del
2003 como importante, aunque no se haya traducido en cuestiones concretas.
No obstante, recordando el espíritu de esa declaración
(respaldada por todos los partidos menos por UPN, que se abstuvo) reiteraron que
“los familiares ni viven del pasado ni quieren venganza, sólo justicia".
Por ello, dirigiéndose a quienes critican la recuperación de la memoria histórica,
les piden que “traguen saliva cada vez que recordéis que nos habéis
intentado dar lecciones para no actuar con venganza , cuando estos familiares
han navegado siempre en la estilosa educación de quién se sabe con la razón y
no necesita grandilocuentes términos ni gestos de rencor ante algunos políticos
que no han sabido, o querido, estar a la altura. Nos pedís homenajes para
todos, cuando en Navarra las balas sólo tuvieron una dirección. En ninguna de
nuestras declaraciones - añaden -, en ninguno de nuestros actos públicos,
nunca, hemos actuado con odio ni con sed de venganza, antes al contrario, hemos
actuado con serenidad y siendo conscientes de que teníamos que cerrar las
heridas para mirar al futuro. Nunca más y para nadie aquellos horrores"
concluyen en su nota en la que recuerdan que próximamente se va a presentar en
sociedad el proyecto para construir en Sartaguda un Parque de la Memoria con una
escultura en colaboración con firmas como Montxo Armendáriz, Atxaga o
Ulibarrena. En el acto (el día 8 en Burlada) se proyectará un documental.
Siete trabajadores de izquierdas
Cuando el reloj marcaba exactamente las 13.20 horas y el cierzo
barría la Bardena secando las lágrimas de los familiares que desde hacía ya
tres horas seguían las evoluciones de la máquina excavadora, el ruido del
metal sobre la tierra cambió de tono al chocar con el cráneo y la tibia de un
cuerpo. Los expertos de Aranzadi mandaron parar al operario. Estaba claro. Lo
que no pudo ser hace dos años con el infructuoso intento de recuperar los
cuerpos de dos mendavieses al pie de Montejurra, se convertía en realidad en la
otra punta de Navarra. Todavía no se puede saber a quién pertenecen esos
primeros restos, la punta de iceberg de la fosa común. Pero los nombres de los
desaparecidos son:
Hilario Chueca Ayala (50 años, jornalero); Roque
Jarauta Chueca (57 años, 2 hijos, afiliado a la UGT); Genaro Ochoa
Lorente (31 años, jornalero); Julio Orta Simón (59 años, 7 hijos,
panadero afiliado a la UGT); Antonio Pérez Ullate (32 años,
estanquero); Ricardo Roselaguirre (71 años y 6 hijos); Mauricio Simón
Arriazu (28 años, estanquero, presidente de la UGT).
Murieron por pedir tierra y libertad.
INFORME
DOSSIER-FOTOS SOBRE EXHUMACION DE FUSILADOS DE MURCHANTE