Sanfermines de 1936. Y tras la fiesta…

Txupinazo en la Plaza del Castillo.

Juanito Etxepare, lanza su último txupinazo (fue fusilado)
Juanito Etxepare, lanza su último txupinazo (fue fusilado)

Las fiestas, deslucidas por la lluvia, transcurrieron como de costumbre: encierros, cuatro corridas de toros, gigantes, fuegos artificiales, peñas, ferias de ganados, cucañas, cine al aire libre, pelota en el Euskal, barracas, txistu y gaita, campeonato de tenis… Pero el ambiente estaba enrarecido. La crispación y tensión acumulada a lo largo de los primeros meses del año se palpaban en el ambiente. Unos días antes, los obreros de la construcción  se felicitaban por el oportuno desenlace de la huelga en su sector que amenazaba con ser un conflicto largo y duro. Los meses anteriores se habían vivido en Pamplona paros y huelgas en casi todos los sectores laborales; como en el resto del país, la conflictividad social era grande.

Panorámica de las barracas.
Panorámica de las barracas.

Y para no ser menos, este año, a tan sólo dos días de empezar las fiestas de San Fermín, y a causa de la demanda de una mayor remuneración, los portadores de los gigantes y cabezudos amenazaron con ir a la huelga, ¡no saldrían los gigantes si no había aumento de sueldo! Al final, sin necesidad de complicadas negociaciones, los portadores, y los niños, salieron contentos a callejear durante las fiestas. El concejal  pamplonés Corpus Dorronsoro, propuso en el pleno del 10 de julio que se estudiase la forma de que los portadores de los Gigantes de la comparsa fuesen obreros en paro, «por estimar que no es justo el que los obreros que tienen su trabajo normal, dejen este para ganar un jornal en otros servicios, que podría ser perfectamente atendido por obreros que no tengan trabajo».  Por ser concejal y socialista, por preocuparse de la calidad de vida de las gentes, el mismo día 18 sería detenido y  fusilado en Monreal junto a su hermano y uno de sus hijos el 14 de agosto. Seis concejales más del municipio, correrían la misma suerte.

Mola y otros militares conspirando en una terraza de la Plaza del Castillo. Primavera 1936
Mola y otros militares conspirando en una terraza de la Plaza del Castillo. Primavera 1936

Y mientras se festejaba, se conspiraba, Alrededor de Mola, Maíz, Rodezno, Utrilla, Garcilaso, Fanjul, Moscoso…Pamplona se llenó de conspiradores y de militares de paisano. Muchas reuniones en la capilla del obispo Barbazán en la Catedral, con el visto bueno del obispo Olaechea. Dice Miguel Sánchez- Ostiz en “El Escarmiento”: “se conspiraba en Capitanía, en los cuarteles, en los círculos, en la calle, entre toro y toro, en los bailes y hasta en misa… Mola se deja ver mucho por la terraza del Kurtz, en los encierros, en los toros…para que el público no crea que algo pasa. No pasa nada”.

¿Cuándo nos echamos al monte?

Esta pregunta seguía al saludo entre los carlistas durante esos días. En la calle una tregua contenida; falangistas, anarquistas, nacionalistas, republicanos, carlistas, socialistas, comunistas… beben txikitos en común, se dan de hostias en común, corren el encierro en común, hay cercanía, hay distancia… momentos para los encuentros y momentos que separan… gentes diferentes, de casta y sin casta, de clase y con clase. Saltan chispas que no prenden. En  el 36, aún no se acallaban las voces discrepantes con el machacón “sanfermín, sanfermín, sanfermín” Alguno sabe que a los pocos días, va a matar a quien baila junto a él en la verbena.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies